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El gran Perrinho
jueves, 12 de junio de 2014
Por: Cristian Bernardo García Molina*
Esta es la historia de un perro futbolista cartagenero que pasó a la historia por ser uno de los mejores del mundo.
Una tarde muy soleada Luis y su esposa Ana fueron a dar un paseo a la playa con sus hijos José y Laura de 14 y 10 años respectivamente. Todo fue divertido y alegre. De regreso Laura vio que una canasta rodaba por la orilla del mar. Rápidamente la agarró y vio a un perro recién nacido que lloraba sin cesar. Lo llevaron a casa y empezaron a cuidarlo y a alimentarlo. Era un pastor alemán, tenía el pelo brillante, de color café, y los ojos azules. Le pusieron por nombre Perrinho, porque a José le gustaba mucho el juego del futbolista brasileño Ronaldinho.
Con el tiempo, Perrinho se acostumbró a su nuevo hogar. Era muy juguetón y cariñoso con sus dueños. Un día José salió a jugar fútbol con sus amigos del barrio, sin contar con la presencia de Perrinho que lo persiguió hasta la cancha. Al principio Perrinho simplemente observaba a los jugadores y ladraba cuando se marcaba gol, pero luego se metió al campo de juego justo cuando José cobraba un tiro de esquina. De pronto, Perrinho se paró en forma de escorpión, y empalmó un remate que, con furia y alegría, fue un golazo.
Todos quedaron con la boca abierta y divulgaron la noticia por todo el barrio. Perrinho se volvió famoso y generó comentarios entre la gente sobre su actuación, tanto así que siguió marcando goles en el circo del barrio, ganándose la admiración de la gente. En sus ratos libres Perrinho era entrenado para jugar fútbol. Le enseñaron jugadas fenomenales.
Un día el cuerpo técnico, los directivos y accionistas del Real Cartagena llegaron en compañía de camarógrafos y periodistas a la casa de Luis y pidieron los servicios de Perrinho. A cambio de esto la familia recibiría una quincena y viviría en el barrio Bocagrande. Sin pensarlo dos veces, Luis y Ana aceptaron la llegada de Perrinho al Club. José sería su representante.
Perrinho empezó en las divisiones inferiores, pero su talento y entrega lo llevaron de inmediato a las divisiones mayores donde se destacaba jugando bien y marcando goles en los entrenamientos. Una noche, tras la aprobación de la FIFA, la prensa nacional e internacional estaba a la espera del debut de un perro como futbolista profesional. Perrinho lucía uniformado y llevaba el número 23 en su espalda. Era delantero. Luis, Ana, José y Laura asistieron al estadio y se sorprendieron al ver que estaba lleno por tres razones: era el debut de un perro en la historia del fútbol, era un partido ante Junior y de ese partido saldría el clasificado a los cuadrangulares de la Copa Mustang.
Empezado el partido ambos equipos jugaban en iguales condiciones, pero Perrinho se destacaba y generaba opciones de gol. El partido seguía empatado a cero y solo en el segundo tiempo, en el minuto 44, se encendió el talento de Gabriel Fernández, quien arrancó desde el ala izquierda del ataque hacia el centro, en línea paralela a la raya de fondo. Se sacó a dos rivales de encima y le acomodó el pase a Perrinho, quien metió un derechazo furibundo que estalló en las redes junioristas. Así marcó su primer gol como futbolista profesional, el que le dio la victoria a su equipo y un lugar en los cuadrangulares semifinales de la Copa. La ovación se hizo sentir. Esa noche Perrinho era el grande. Después de eso siguió marcando goles en el torneo, hasta clasificar a su equipo a la final, habiendo marcado 14 tantos. Mientras tanto, Luis, Ana, José y Laura vivían en familia en el barrio Bocagrande disfrutando de una mejor vida junto a Perrinho.
Llegó la fecha de la final Real Cartagena vs. Atlético Nacional. Ambos equipos estaban en el terreno de juego en el estadio Nemesio Camacho el Campín de Bogotá. Al principio el partido estuvo igualado a cuatro goles, con anotaciones de A. Ramirez, J. Bahiano, G. Moreno y J. Mariño para Nacional, y G. Fernández, E. Jiménez, E. Chamorro y M. Arroyo para Real Cartagena. Pero sólo en el segundo tiempo, en el minuto 45, José Nájera abrió un pase en diagonal hacia Perrinho, quien hizo una pared con Hernando Patiño, cuya lujosa devolución de taquito la conectó con un zurdazo el delantero Perrinho. ¡Campeón mi Real!, gritaban en todo el estadio, ovacionando la actuación del equipo. Edinson Palomino, Juan Henao y el gran Perrinho dejaron ver todo su entusiasmo y alegría tras la conquista del título.
Esa noche Perrinho fue consagrado como el mejor jugador de la Copa Mustang y recibió el botín de oro que lo identificaba como goleador del torneo con 15 tantos. Tiempo después fue elegido como mejor jugador de América y ganó el Balón de Oro. Gracias a esto, el Manchester United compró su pase por una temporada. La familia tuvo que mudarse a Londres durante seis años, mientras Perrinho brillaba en los mejores equipos del mundo. En Manchester United marcó 28 goles. Luego Perrinho se coronó campeón de ligas como la Premier League, la Copa Inglesa, la Liga Española, la Copa del Rey, el Calcio Italiano, la copa de Italia, la Champions League, la Copa UEFA, la Recopa Europea, el Mundial de Clubes y Torneos amistosos. Jugó con equipos como Chelsea, Real Madrid, Barcelona, Inter, Milán y Liverpool. También ganó el Balón de Oro en varias ocasiones, lo que lo identificó como el mejor jugador del mundo, superando a estrellas como Cristiano Ronaldo, Kaká, Lionel Messi, Ronaldinho, Robinho, entre otros. En dos ocasiones Perrinho fue al Mundial de Fútbol con la Selección Colombia. Ocuparon el tercer puesto por primera vez en la historia del fútbol. Ese mismo año Perrinho fue campeón de los Juegos Olímpicos con la Selección Colombia. Y después de ganar la Copa América, también con la Selección Colombia, toda la familia estuvo de acuerdo con que Perrinho se retirara de las canchas.
¡Y qué mejor manera que oficializar su retiro como campeón del mundo en Liverpool! Llegó la fecha indicada para el encuentro ante River Plate en el estadio Kokuritsu Kasumigaoka Rikujo Kyogijo, de Tokio. Era una noche fría y todos hacían su agosto vendiendo boletas, afiches, pancartas, fotos alusivas al encuentro y a Perrinho. El escenario lucía luminoso y con pantallas gigantes. Al principio, el juego estuvo empatado a un gol de Fernando Torres para Liverpool y Falcao Garcia para el River. De pronto, en el minuto 92 Javier Mascherano le robó el balón a Abreu en el área de penal y se lo pasó a Perrinho quien con una chilena espectacular marcó el gol de la victoria y coronó a su equipo campeón. Ese día Perrinho marcó el mejor gol del mundo y se retiró de las canchas. Luis, Ana, José, Laura y Perrinho vivieron en Cartagena felices por siempre, y muchos creyeron que Perrinho fue la reencarnación de Andrés Escobar, el gran futbolista colombiano.
*Este cuento es ganador del Tercer Concurso Nacional de Cuento RCN - MEN, en el año 2009, en la categoría 1.Publicado por Unknown en 10:03 | Etiquetas: Cuentos | 7 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Sobre inscripciones del #8CNC2014
lunes, 14 de abril de 2014
Si usted está interesado en participar del #8CNC2014 le interesa esta información:Los días 17, 18 y 19 de abril el Micrositio no estará habilitado para el registro de los cuentos. El Área de Tecnología y Sistemas de Información del Ministerio de Educación Nacional realizará una “migración de infraestructura tecnológica” que afecta el funcionamiento de algunos Micrositios alojados en el portal educativo Colombia Aprende.
Agradecemos la comprensión de esta situación. El día domingo 20 de abril estará habilitado de nuevo el registro de los cuentos. Es muy importante aclarar que los cuentos que ya se han registrado no serán afectados por esta coyuntura.
Si tienes dudas puedes escribir al mail concursodecuento@colombiaaprende.edu.co o comentar a través de nuestras redes sociales: @ConcurNalCuento y www.facebook.com/ConcurNalCuentoPublicado por Unknown en 8:24 | Etiquetas: CNC | 10 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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El Pollito Ninja*
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Por :Daniel Estivens Corzo Ochoa. 9 años. (Soacha, Cundinamarca)
Érase una vez un Pollito ninja que le gustaba pelear mucho y casi siempre ganaba, pero un día peleó con su enemigo el Oso, el pollito peleó y le ganó con un picotazo en el pie.
Un día iba caminado por la calle y vio un laberinto, un letrero decía: Si entras tienes que pasar por seis pruebas. El Pollito decidió entrar, iba caminando cuando de repente se encontró un Tucán, el Tucán le dijo: Pollito, yo soy la primera prueba, si peleas conmigo te digo cuál es el camino a seguir; el Pollito peleó y le ganó porque le hizo zancadilla y el Tucán se cayó. ¿Cuál es el camino a seguir?, le preguntó el Pollito. El Tucán le respondió: Sigue el camino de agua. El Pollito caminó y cuando se dio cuenta se le apareció un Perro.
El Perro le dijo: Pollito, yo soy tu segunda prueba. Si peleas conmigo te digo el camino a seguir. El Pollito peleó y le ganó porque le metió un puño en el estómago. El Pollito le preguntó: ¿Por dónde es el camino a seguir? El Perro le respondió: sigue el camino de arena.
El Pollito siguió y unos metros adelante se encontró un Canguro. El Canguro le dijo: Pollito, yo soy tu tercera prueba, si peleas conmigo te digo el camino a seguir. El Pollito peleó y le ganó con un cabezazo en la espalda. Preguntó el Pollito: ¿Por dónde es el camino a seguir? El Canguro le respondió: Sigue el camino de cemento. El Pollito caminó y caminó y encontró tres pruebas. Un Ratón, un León y un Gato, le dijeron: si peleas con nosotros al tiempo te decimos donde queda la puerta. El Pollito peleó y les ganó con una patada triple. El Pollito preguntó: ¿Dónde queda la puerta? Los tres respondieron: sigue el camino de pasto. El pollito siguió el camino de pasto, el pollito caminó hasta que encontró la salida.
El Polllito abrió la puerta y se encontró con sus siete rivales, el Oso, el Tucán, el Perro, el Canguro, el Ratón, el León y el Gato, ellos le dijeron: Pollito, ¿quieres ser nuestro amigo? El Pollito respondió: Sí, y vamos a vivir felices y nunca nos vamos a separar y colorín colorado estas peleas se han acabado.
*Cuento ganador en la categoría 1 de la primera versión del Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación año 2007.Publicado por Unknown en 15:13 | Etiquetas: Cuentos | 1 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Oscar Wao; metáfora de la represión.
martes, 12 de noviembre de 2013
Por: Johansson Cruz Lopera
@Johansson_Cruz
Nota: Este texto se lee mejor escuchando: “Mataron al Chivo” de Antonio Morel y su orquesta.
“La maravillosa vida breve de Óscar Wao” es una novela con cuerpo de mujer. ¡No cualquier mujer!, tiene el cuerpo de una mujer devoluptuosa, morena y de curvas que invitan a olvidar el freno: “Era La Tetúa Suprema. Sus tetas eran globos tan inverosímiles, tan titánicos, que provocaban en las almas generosas compasión por su portadora y hacían que cada varón en su proximidad reevaluara su triste vida (…) ese culo jalaba más que una junta de bueyes”. Esta novela del escritor dominicano Junot Díaz tiene ese vértigo que producen las “jevas” de su tierra, esa provocación, esa seducción que invita a terminar, a no despegarse.
Es una novela que se deja maquillar con la vida de un nerd, fanático a la ciencia ficción, con ínfulas de escritor, con dos grandes tragedias en la vida, una como consecuencia de la otra: ser obeso y no lograr rapar con ninguna mujer. Un dominicano, obeso y nerd en Nueva Jersey. Todas las tragedias juntas representadas en una sola persona, de nombre Óscar. A través de él Junot Díaz cuenta la vida de una nueva generación hijos de inmigrantes latinos en los Estados Unidos: el racismo, la violencia, las fiestas, las oportunidades, el anhelo de ser cada vez más americanos y ese desapego de sus raíces en otras tierras, menos sofisticadas y deslumbrantes.
Esa es la piel de la novela, pero debajo, en el fondo, se narra la historia nefasta de la Era Trujillo en República Dominicana. “Trujillo, uno de los dictadores más infames del siglo XX, gobernó la República Dominicana entre 1930 y 1961 con una brutalidad despiadada e impecable. Mulato de ojo de cerdo, sádico, corpulento: se blanqueaba la piel, llevaba zapatos de plataforma, y le encantaban los sombreros al estilo Napoleón”, así lo describe el autor en un pie de página que apoya la narración, al mejor estilo de Pamuk o Paul Auster.
La narración va contando, con un acertado manejo del tiempo y del lenguaje, descarnado e irreverente, la historia de la familia, que comienza en Abelard Luis Cabral y termina en su nieto Óscar, el Óscar Wao que aún sigue pensando en el fukú que Trujillo dejó en su familia.
Múltiples personajes van apareciendo a lo largo del relato, algunos mostrando el poderío que Trujillo tuvo en sus largos años de poder y personajes que sufren sin piedad los excesos de ese poder; muestra de todo lo podrido que vivió esta pequeña isla. Esta novela deja un dibujo, sencillo y profundo, del drama de una familia que sirve como espejo de muchas otras; una necesidad del autor por contar su versión de la historia apoyado en la literatura.
En cualquier lugar del mundo una historia está por ser contada y esta novela es una cruzada contra el olvido de la violencia que dejó un dictador sobre una isla pequeña en el Caribe.
Publicado por Unknown en 12:32 | Etiquetas: Reseñas | 0 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Los falsificadores*
lunes, 7 de octubre de 2013
Imagen: Esculturas de Alberto Giacometti
Por: Jesús Antonio Álvarez FlórezNunca pensé que me convertiría en ladrón de obras de arte. Los policías que me trajeron a la estación hace unas horas fueron quienes me acusaron de ese delito. Estaba en mi casa cuando entraron armados y con una orden de arresto en mi contra.―¿Dónde escondió “la obra”? ―dijo uno de ellos, apuntándome con su revólver.Los demás se esparcieron por la casa, revolcándolo todo.—Perdón. No sé a qué se refiere.—Sabemos muy bien que usted robó una obra de arte.—Se equivocan, señores. Yo no he robado a nadie.—Usted robó al panadero, ya nos lo dijo su esposa.—¿El panadero? ¿El que se murió esta mañana?—Sí, el mismo.—No creo que sea un artista.—Pues sí lo era. Esta mañana usted se llevó de la panadería el mejor bizcocho que ese hombre había preparado en toda su vida. Así se lo dijo a su esposa. Su bizcocho es ahora parte del patrimonio artístico de nuestro país.—¿Qué?—¿Dónde tiene el bizcocho? —intervino uno de los policías, el más feo de todos.—Podríamos acusarlo de secuestro simple —dijo el primero.—Miren, señores: yo le pedí al panadero un bizcocho, es cierto; pero se lo pagué.—La viuda no dice lo mismo. Además, ella menciona que el difunto estuvo feliz esta mañana luego de hornearlo. A sus hijos les dijo que era su obra maestra, que en toda su vida nunca había horneado un bizcocho así.—Pero yo se lo compré.—Sí, pero lo que pagó no es nada comparado con lo que ahora vale.—¿Dónde tiene el bizcocho? —dijo de nuevo el otro policía.—Está en la cocina —dije, algo asustado.Los hombres fueron hasta allí e inspeccionaron cada rincón. Oí el ruido de sus manos al tocar las bolsas de plástico que hay en la alacena. Movieron los tarros de café y de los condimentos. Al final, uno de ellos gritó: “Lo encontré”.Los demás fueron hasta allí y descubrieron algo que aún no les había dicho.—Así que eso es lo que hace usted con las obras de arte —protestó uno de los policías.—Es sólo un pedazo de pan.—Imbécil. Esta obra vale millones en el mercado culinario.En eso tocaron a la puerta. El policía que me apuntó al principio abrió y saludó a un hombre vestido de saco y boina. Traía una lupa y un grueso libro debajo del brazo.—Maestro, ahí está la obra. Pero no creo que pueda recuperarse. Este man la mordió.El hombre me miró con asco. Abrió su libro y observó con su lupa el pedazo de bizcocho que había sobre la servilleta. Aún olía a bocadillo.—¿No pueden darme un pedacito? —dije, suplicante.Uno de los policías me golpeó.Ellos seguían atentos a lo que hacía el tipo del saco, quien comparaba las fotos de su libro con los restos de mi desayuno.—Señores, me temo que éste no es un González original —dijo mientras se secaba el sudor de la frente.—¿Qué? —preguntó el policía.—Sí, se trata de una falsificación.—¡Cómo así!—Verá: González, el panadero, desistió del bocadillo en sus últimas obras, y optó por el arequipe. Al parecer, los falsificadores olvidaron ese detalle de su producción. Este tipo no es el ladrón, pero podemos acusarlo por imitar obras clásicas.—Conque pirata —dijo el policía—. ¿Dónde tiene el bocadillo?—Y la harina —preguntó el feo.—Y el horno —remató el tipo del saco.—No sé a qué se refieren, señores. Yo salí esta mañana a comprar el pan, y luego vine a mi casa.—¿Quién lo atendió?—Uno de los panaderos, ni siquiera sé cómo se llama.—¿Cómo es?, descríbalo.—Bueno: es moreno, crespo, ojos cafés…—Vamos por él —dijo el policía—. Estamos detrás de toda la banda.—¿Me puedo comer el bizcocho falso? —pregunté.Volvieron a golpearme.Me metieron en la patrulla, con las manos esposadas. Oí claramente cuando interrogaron a gritos al joven que me atendió. Luego abrieron la puerta, lo empujaron y lo sentaron junto a mí.—Su cómplice ya lo delató, prepárese para el juicio —le dijeron antes de llevarnos a la estación.—¿Qué está pasando? —me preguntó.—No lo sé, pero espero que salgamos pronto de ésta.El juicio fue implacable. Los detectives que llevaron el caso encontraron en mi casa un libro de postres que había heredado de mi madre, y lo presentaron como prueba contundente en mi contra. Cada vez que el abogado acusador enseñaba una foto del libro, la sala, escandalizada, se convencía de mi marcada inclinación por comprar falsificaciones, al tiempo que consolaba a la viuda del señor González, quien lloró durante toda la audiencia. Uno de mis vecinos testificó bajo juramento. Dijo que me veía a diario en la panadería, preguntando precios, manoseando los sacos de harina y hablando íntimamente con el ayudante del panadero. Dijo incluso que había visto mi mirada morbosa cada vez que éste acomodaba los roscones en el mostrador. Eso fue suficiente para que el juez me llevara a prisión.Al otro detenido le fue peor. Lo acusaron de falsificación del Patrimonio Artístico y Culinario de la Nación, y lo enviaron a una cárcel de máxima seguridad. El jurado tuvo en cuenta el testimonio de un vendedor de electrodomésticos del centro de la ciudad, quien aseguró que el joven estaba pagando una hornilla a cuotas. En su casa encontraron galletas similares a las que hacía el panadero muerto y, según la policía, el detenido las vendía a menor precio en el mercado negro.Los dos ahora estamos en prisión, repudiados por los guardias y los asesinos del penal, quienes nos juzgan como criminales de la peor calaña y ni siquiera nos dirigen la palabra. La ciudad, mientras tanto, prepara un desfile militar en honor a González, uno de los artistas más grandes que ha dado nuestro país. Los presos más antiguos harán una coreografía y se disfrazarán de panes y ponqués para el deleite de las autoridades carcelarias, y los nuevos leerán poemas y odas a la harina y el trigo. Yo imaginaré la ceremonia cuando escuche sus gritos a lo lejos, pues por órdenes del gobierno tengo prohibido mirar por la ventana.
*Cuento ganador del Sexto Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación, publicado en el libro "Colombia Cuenta 2012", ediciones SM. Pág. 210.Publicado por Unknown en 13:09 | Etiquetas: Cuentos | 5 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Imagen: "Los Falsificadores" Alberto Giacometti
Por: Jesús Antonio Álvarez FlórezNunca pensé que me convertiría en ladrón de obras de arte. Los policías que me trajeron a la estación hace unas horas fueron quienes me acusaron de ese delito. Estaba en mi casa cuando entraron armados y con una orden de arresto en mi contra.―¿Dónde escondió “la obra”? ―dijo uno de ellos, apuntándome con su revólver.Los demás se esparcieron por la casa, revolcándolo todo.—Perdón. No sé a qué se refiere.—Sabemos muy bien que usted robó una obra de arte.—Se equivocan, señores. Yo no he robado a nadie.—Usted robó al panadero, ya nos lo dijo su esposa.—¿El panadero? ¿El que se murió esta mañana?—Sí, el mismo.—No creo que sea un artista.—Pues sí lo era. Esta mañana usted se llevó de la panadería el mejor bizcocho que ese hombre había preparado en toda su vida. Así se lo dijo a su esposa. Su bizcocho es ahora parte del patrimonio artístico de nuestro país.—¿Qué?—¿Dónde tiene el bizcocho? —intervino uno de los policías, el más feo de todos.—Podríamos acusarlo de secuestro simple —dijo el primero.—Miren, señores: yo le pedí al panadero un bizcocho, es cierto; pero se lo pagué.—La viuda no dice lo mismo. Además, ella menciona que el difunto estuvo feliz esta mañana luego de hornearlo. A sus hijos les dijo que era su obra maestra, que en toda su vida nunca había horneado un bizcocho así.—Pero yo se lo compré.—Sí, pero lo que pagó no es nada comparado con lo que ahora vale.—¿Dónde tiene el bizcocho? —dijo de nuevo el otro policía.—Está en la cocina —dije, algo asustado.Los hombres fueron hasta allí e inspeccionaron cada rincón. Oí el ruido de sus manos al tocar las bolsas de plástico que hay en la alacena. Movieron los tarros de café y de los condimentos. Al final, uno de ellos gritó: “Lo encontré”.Los demás fueron hasta allí y descubrieron algo que aún no les había dicho.—Así que eso es lo que hace usted con las obras de arte —protestó uno de los policías.—Es sólo un pedazo de pan.—Imbécil. Esta obra vale millones en el mercado culinario.En eso tocaron a la puerta. El policía que me apuntó al principio abrió y saludó a un hombre vestido de saco y boina. Traía una lupa y un grueso libro debajo del brazo.—Maestro, ahí está la obra. Pero no creo que pueda recuperarse. Este man la mordió.El hombre me miró con asco. Abrió su libro y observó con su lupa el pedazo de bizcocho que había sobre la servilleta. Aún olía a bocadillo.—¿No pueden darme un pedacito? —dije, suplicante.Uno de los policías me golpeó.Ellos seguían atentos a lo que hacía el tipo del saco, quien comparaba las fotos de su libro con los restos de mi desayuno.—Señores, me temo que éste no es un González original —dijo mientras se secaba el sudor de la frente.—¿Qué? —preguntó el policía.—Sí, se trata de una falsificación.—¡Cómo así!—Verá: González, el panadero, desistió del bocadillo en sus últimas obras, y optó por el arequipe. Al parecer, los falsificadores olvidaron ese detalle de su producción. Este tipo no es el ladrón, pero podemos acusarlo por imitar obras clásicas.—Conque pirata —dijo el policía—. ¿Dónde tiene el bocadillo?—Y la harina —preguntó el feo.—Y el horno —remató el tipo del saco.—No sé a qué se refieren, señores. Yo salí esta mañana a comprar el pan, y luego vine a mi casa.—¿Quién lo atendió?—Uno de los panaderos, ni siquiera sé cómo se llama.—¿Cómo es?, descríbalo.—Bueno: es moreno, crespo, ojos cafés…—Vamos por él —dijo el policía—. Estamos detrás de toda la banda.—¿Me puedo comer el bizcocho falso? —pregunté.Volvieron a golpearme.Me metieron en la patrulla, con las manos esposadas. Oí claramente cuando interrogaron a gritos al joven que me atendió. Luego abrieron la puerta, lo empujaron y lo sentaron junto a mí.—Su cómplice ya lo delató, prepárese para el juicio —le dijeron antes de llevarnos a la estación.—¿Qué está pasando? —me preguntó.—No lo sé, pero espero que salgamos pronto de ésta.El juicio fue implacable. Los detectives que llevaron el caso encontraron en mi casa un libro de postres que había heredado de mi madre, y lo presentaron como prueba contundente en mi contra. Cada vez que el abogado acusador enseñaba una foto del libro, la sala, escandalizada, se convencía de mi marcada inclinación por comprar falsificaciones, al tiempo que consolaba a la viuda del señor González, quien lloró durante toda la audiencia. Uno de mis vecinos testificó bajo juramento. Dijo que me veía a diario en la panadería, preguntando precios, manoseando los sacos de harina y hablando íntimamente con el ayudante del panadero. Dijo incluso que había visto mi mirada morbosa cada vez que éste acomodaba los roscones en el mostrador. Eso fue suficiente para que el juez me llevara a prisión.Al otro detenido le fue peor. Lo acusaron de falsificación del Patrimonio Artístico y Culinario de la Nación, y lo enviaron a una cárcel de máxima seguridad. El jurado tuvo en cuenta el testimonio de un vendedor de electrodomésticos del centro de la ciudad, quien aseguró que el joven estaba pagando una hornilla a cuotas. En su casa encontraron galletas similares a las que hacía el panadero muerto y, según la policía, el detenido las vendía a menor precio en el mercado negro.Los dos ahora estamos en prisión, repudiados por los guardias y los asesinos del penal, quienes nos juzgan como criminales de la peor calaña y ni siquiera nos dirigen la palabra. La ciudad, mientras tanto, prepara un desfile militar en honor a González, uno de los artistas más grandes que ha dado nuestro país. Los presos más antiguos harán una coreografía y se disfrazarán de panes y ponqués para el deleite de las autoridades carcelarias, y los nuevos leerán poemas y odas a la harina y el trigo. Yo imaginaré la ceremonia cuando escuche sus gritos a lo lejos, pues por órdenes del gobierno tengo prohibido mirar por la ventana.
*Cuento ganador del Sexto Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación, publicado en el libro "Colombia Cuenta 2012", ediciones SM. Pág. 210.Publicado por Unknown en 13:09 | Etiquetas: Cuentos | 0 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Todos los Santos: La otra Novia Oscura.
martes, 3 de septiembre de 2013
Por: Johansson Cruz Lopera (@Johansson_Cruz)
¿Ya leíste “La novia oscura” de Laura Restrepo? ¡No!, te dejamos un perfil de Todos los Santos, uno de los personajes de la novela, para antojarte a leerla. ¡Cuéntanos!
Anclada en la memoria queda la imagen de Todos los Santos, rapada. Y a su lado, también sin cabello, se encuentran sus mujeres vigilándola. Hombres vestidos de negro, con los rostros cubiertos, dejan esa huella en algunas putas de La Tora: la cabeza rapada. Todos los Santos, a pesar de su edad aún conserva, con honor, un título ganado con decencia en muchas camas, bajo muchos hedores y sudores; bajo muchas palabras que prometían un amor venidero y despidiendo otro río de amores que quedaron en volver. Todos los Santos quedó ahí, en la entrada de su casa, mirando cómo a lo lejos camina Sayonara (la protagonista de esta historia, la prostituta más deseada La Tora) con su cabello recogido, la única (¡casi siempre era la única en todo!) que no sufrió del ataque sin razón. La anciana es la abuela de La Catunga, ese barrio exclusivo de putas que esperan cada fin de semana a los hombres barbados y sudados de la Oil Company, procurando ganar en una noche lo que ellos se demoran en conseguir en una semana. Así funcionan las cosas en La Tora y a pesar de que Todos los Santos hace ya mucho que dejó de circular por los brazos de estos hombres, sus mujeres son sus brazos y su rostro y sus pies y su vagina en cada cama, donde se encuentre una de sus ahijadas trabajando. Ahí sigue la Madrina, con su cráneo descubierto, sin desespero, asumiendo con sabiduría este nuevo escollo. Una pañoleta entonces soluciona todo. Y sus palabras calman a las más jóvenes: "Las esperanzas se mantienen vivas mientras no preguntan, porque las respuestas la aplastan". Y en eso consiste el juego, por eso ella aún almacena con altura sus recuerdos, su presencia, su pasado y lo que ha dejado de ella su presente. Nunca preguntó. No necesitó jamás respuestas. La vida era para ella simplemente eso, vida, no importa cómo llegue.
Y Sayonara fue para la anciana, uno de esos regalos que la vida le dejó ahí, bajo su sabiduría. Un regalo que en su interior esperaba desde hace mucho tiempo. Porque sí que había pasado mucho tiempo desde que ella gritó por última vez “¡llegaron los peludoooossss! ¡Ya llegó el billete!” refiriéndose a los trabajadores de la Oil Company. Ahora sus esperanzas de una nueva vida de bonanza estaban en esa niña greñuda y flaca que llegó con Sacramento. Y así fue, Sayonara, su ahijada, le dio durante un tiempo ese bienestar que ella necesitó. La proveía del poco dinero que necesitaba para vivir y la mantenía de nuevo ocupada. Ahora ese montón de Felipes (refiriéndose a sus mascotas, a todas las llamaba por ese nombre) cobraban sentido. Sayonara lo llenaba todo y Todos los Santos se dejaba llenar de ella. Porque lo necesitaba.
La sabiduría llega con la vejez. Y a ella le sobraban años y en algún momento, antes de aquel incidente sin razón, le sobraron canas. “Madrina ¿por qué son saladas las lágrimas?” pregunta una de sus mujeres y ella contesta: "¿Por qué creen que son saladas las lágrimas? Porque son agua apenada. Por eso". “Madrina y que es el tenis” pregunta asombrada Ana y ella, sin saber bien la respuesta se aventura a contestar sabiendo que no le es permitido dejar vacíos sin llenar: “…gana el que logra tirarla más lejos con la raqueta. La raqueta es ese canasto aplastado que tienen en la mano”. “Madrina, no deje ir a Sayonara” le reclama la Fideo; “…no se puede hacer nada, sólo queda esperar que la vida, que una vez la trajo, vuelva a acercarla”. Así es Todos los Santos, una anciana sin preguntas, pero llena de respuestas.Publicado por Unknown en 13:08 | Etiquetas: Reseñas | 0 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Maruja
martes, 13 de agosto de 2013
Por: Luis Enrique Lambis Benítez* (@hechoenmacondo)Soy mudo, pero si imagino y soplo, Maruja despierta a mi susurro; con un vacío en la barriga me apoyo en la cerca y empiezo a tocar. Del otro lado, María escucha; necesito un aguacero.Todos los días, a eso de las cinco de la tarde, me pongo bonito para ir a verla sin que me vea. María llegó a Ovejas hace tres semanas, y desde entonces no tengo bajo el pellejo una cosa distinta a sus sonidos. Se teje una trenza larga y se sienta a tocar la gaita bajo el totumo. Le saca notas tristes pero bonitas a la gaita macho. A veces parece que la tarde se apaga al compás que ella le marca cuando acaricia el largo tallo de cardón. Desde pelaíto toco la gaita macho, y les juro que nunca me ha sonado así.Me sudan las manos, pero ya no hay miedo. Maruja palpita en la yema de mis dedos, y casi puedo sentir cómo invoca el aguacero. Recién por el huequito pude ver a María ponerse de pie y sonreír al escuchar mi música. Cierro los ojos e imagino, luego soplo; María baila porro en mitad del monte. Es noche cerrada y sin luna, pero ella me guía el rumbo entre los matorrales, con la luz de las velas y de las luciérnagas, que parecen responder a sus caderas. Me asomo de nuevo y veo a María caminar hacia la cerca, con su gaita en las manos.Vivimos patio con patio, y cuando me asomo por el huequito, lo único que hay entre María y yo es la cerca de tablas, que me deja verla y me esconde al mismo tiempo. Porque una vaina es estar enamorado y otra muy distinta es querer decirlo… y no poder. Nunca me jodió el silencio, pero con ella las palabras bonitas, que se me atoran en el pescuezo, duelen. Como si un animal vivo luchara por salirme de adentro.María toca su gaita y Maruja se derrama entre los dos patios. Nos moja mientras, a contrapunto, las notas de María nos calientan desde adentro. Las gaitas hablan y se retan. La cerca sigue ahí, pero a estas alturas de la lluvia sé que a María le llegan mis te quiero.Antes de ayer, cuando me agaché en la cerca, sentí un pellizcón en la espalda que me subió por el espinazo como un corrientazo frío. La tarde quedó quieta y empezó a oler a lluvia. Toda esa parafernalia para asustarme no podía ser otra cosa que la abuela en su ley. Y es que era bien mala la vieja, lo sabré yo que desde bien chiquito terminé siendo más su cura que su nieto. Después del pellizcón, casi pude verla sentada en el taburete, con Maruja entre las piernas, contándome sus maldades a gritos roncos, una por una. Se ponía colorá, y se le abrían los ojos de la picardía, cuando me contaba, por ejemplo, cómo se escapaba por las noches a bailar porro, con el mismo obrero que después se la llevaba a dizque mirar luciérnagas al monte. “Cosas de pelá”, decía mi vieja en una carcajada. Yo me quedaba embobao, porque entre una maldad confesada y otra, la abuela me dejaba oírle tocar a Maruja, que se fundía tanto con sus historias que al final su melodía y el cuento terminaban siendo la misma cosa. Cuando me acordé de la gaita, entré corriendo al cuarto de la difunta donde, igualita a aquellos primeros años, dormía Maruja sobre el catre de la abuela. Intenté tocar a Maruja, pero fue arisca a mis susurros. Mi aire la atravesaba, y salía una melodía limpia y sin vida. La gaita macho es de pocas palabras, un alma vieja. En cambio Maruja ―que es hembra― siempre fue lluvia en labios de la abuela. Como ella misma decía: el alma vieja renace cuando cae el aguacero; así la gaita seduce a la gaita. Quise que Maruja despertara para mojar a María, quise que me ayudara a convertir en sonidos lo que en palabras nunca pudo salir de mi garganta. Al final, Maruja me regaló un aguacero.Ya escampa junto a la cerca. La noche se va asomando en los dos patios, y el silencio de los grillos me deja oír a María respirar del otro lado. Sabe que la amo. Sé que me siente. Sólo me falta brincar la cerca y esperar las primeras luciérnagas.
*Este cuento hace parte de los 35 ganadores del Sexto Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación. Publicado en Colombia Cuenta, editorial SM. Pág. 190.Publicado por Unknown en 9:20 | Etiquetas: CNC, Cuentos | 5 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Aire de Tango: bandoneones, cuchillos y Gardel.
miércoles, 24 de julio de 2013
Por: Fabián Mauricio Martínez (@FabiaMauricio)
Carlos Gardel murió en un accidente aéreo el 24 de junio de 1935, en Medellín. Ese mismo día nació Jairo, el protagonista de "Aire de Tango" una de las novelas más representativas de uno de nuestros escritores homenajeado, Manuel Mejía Vallejo. Jairo, a medida que crece, se desenvuelve en un ambiente de tangos y milongas, prostitutas, peleas, puñales y cafés de mala muerte. Obsesionado con las letras y el sonido melancólico del bandoneón, Jairo compara su vida con la de Gardel, recorta noticias de prensa del ídolo argentino, investiga su pasado y se alegra de algunos pasajes delictivos del cantante de tangos. Un puñal de oro fue encontrado cerca del cuerpo de Gardel, la tarde que murió en el aeropuerto Olaya Herrera. Ese detalle, sirve a nuestro novelista, para otorgarle a su personaje un amor apasionado por los cuchillos. Jairo, quien conoce al dedillo la vida de Gardel, sabe que el cantante de tangos sentía una fascinación por los puñales, sabe que los coleccionaba y entendía lo que estos significaban para los compadritos de los arrabales de Buenos Aires, para los gauchos de la pampa argentina y Jairo, por supuesto, se sentía como uno de esos vaqueros sudamericanos, salvo que no estaba en la llanura y a caballo, salvo que se encontraba en los barrios bajos de una Medellín implacable. Allí, en ese barrio Guayaquil de la Medellín de la década de 1940, impera la ley del más fuerte. Jairo se abre paso con lances de cuchillo y puntas de puñal. Es un personaje muy hábil al momento de destajar el cuello de otro o de enterrar sin arrepentimientos el acero en la carne ajena. Sin embargo, Jairo no es un cuchillero cualquiera, Manuel Mejía Vallejo lo dota de un misticismo que lo llena de grandeza y particularidad. Jairo, en su propia mitología personal, bautiza cada uno de sus cuchillos y les da el nombre según el material con el que estén hechas sus cachas. "Y a ponerles cachas de nácar, hueso, naranjo, marfil, le dio por bautizarlos y coserles estuches en guerrilla y ajustárselos, hasta los saludaba:
- ¿Qué tal, lunes?
- Te tocó salir, martes.
- Quietecito, viernes".
Si bien Jairo es un personaje peligroso, atravesado y cuchillero, no descuida en ningún momento su aspecto personal. Le gusta ir bien peinado, con las manos y la cara impecable y la camisa y el pantalón bien planchados. Jairo, quiere parecerse en todo a Carlos Gardel y por eso, pese a que sus escenarios sean cantinas de baja estofa y sus compañeros habituales, malandrines y prostitutas, Jairo se destaca por su contraste, un contraste hecho con base en la pulcritud personal y la cultura del tango. De este modo, nuestro novelista, nos regala un personaje inolvidable; un cuchillero terrible, pero vanidoso a más no poder, y embebido en las nostalgias tan propias del tango: "¿Dónde está mi barrio, mi cuna maleva/ dónde la guarida, refugio de ayer?" (Puente Alsina.Música y letra de Benjamín Tagle Lara)
En este gran libro, Manuel Mejía Vallejo, valiéndose de un narrador en tercera persona, quien cuenta de manera coloquial las aventuras de Jairo, reviste el desenlace de la novela con una ironía trágica magistral. Si bien cada cuchillo tenía un nombre y cada uno de estos nombres estaba destinado a enterrarse en alguna víctima, el único cuchillo que no conocía destino, ni nombre propio era el que Jairo llamaba "El desconocido". Este cuchillo, "El desconocido", es el que usará el mejor amigo de Jairo, Ernesto Arango, para matar a nuestro protagonista, en un episodio apasionante.
"Aire de Tango", novela con la que Manuel Mejía Vallejo ganó el Premio Vivencias en 1973, es la segunda obra que recomendamos de nuestro homenajeado. Te invitamos a que la leas y te sumerjas en el espacio mítico de los cuchilleros de los años 40 del siglo pasado, escuches al bandoneón y sus tintes melancólicos y te sumerjas en la poesía cantada del gran Carlos Gardel.Publicado por Unknown en 13:44 | Etiquetas: Reseñas | 0 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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Disney y los cuentos clásicos
viernes, 14 de junio de 2013
Por: Johana Rivillas (@JRivillas)
-Quiero que busques a tu príncipe y bailes al compasdel felices para siempre (…). Quiero nietos.-No tengo tiempo para eso.
La princesa y el sapo, min. 13:37.
Desear algo con toda la fuerza que tu corazón te brinde, desear y desear, esperar que la magia haga lo suyo, que te envíe una lámpara mágica, un hada madrina, un príncipe azul rico, amable y apuesto; esperar, no hacer más que esperar que los problemas desaparezcan de golpe, que todos descubran que desde siempre has sido una princesa y que el mundo encantado y feliz que deseas te sea entregado pronto. No hay más. Eso es lo que se necesita, eso es lo que el “mundo maravilloso” de Disney nos viene mostrando desde hace mucho en sus adaptaciones de los cuentos clásicos, cuentos que en su forma original muestran aspectos no tan positivos, ya que su intención no era mostrar el mundo de color rosa sino, por el contrario, dar lecciones a los niños, mostrarles, por ejemplo, que no es bueno hablar con extraños ni confiar en ellos ya que, si lo haces, puedes convertirte en la cena de un hambriento lobo feroz o quedar sumida en un sueño profundo y eterno al morder la manzana embrujada que te ofrecen, mostrar que el mundo es un lugar peligroso y que si no cumples tus promesas y no respetas los bienes ajenos, te pueden pasar cosas terribles.Los cuentos clásicos querían enseñar, hacer dudar, advertir, sin embargo, aunque las editoriales han intentado a través de sus nuevas y llamativas ediciones hacer que no desaparezcan por completo, podemos ver que diversas versiones de estos se han tomado las bibliotecas y las pantallas de cine, actualmente son pocos los que saben que “La caperucita roja” de la que todos hemos escuchado fue inventada, inicialmente, por Charles Perrault y que al final la ingenua caperucita no era rescatada por un amable leñador, sino que moría devorada por el lobo.El príncipe Rana y La princesa y el sapo.En 1803 los Hermanos Grimm se interesaron por los cuentos tradicionales y se dedicaron a recopilar muchas historias que eran compartidas de manera oral, las escribieron y las compartieron al mundo, tanta fue su acogida que en algunos lugares su versión escrita desplazó a la versión conocida por medio de la tradición oral.“El príncipe Rana” es uno de estos cuentos, en él se nos narra la historia de una bella princesa que ve con tristeza como su pelota dorada desaparece en las aguas de un profundo pozo, se lamenta por lo ocurrido y una rana aparece con la intención de socorrerla pidiendo, a cambio, pasar tiempo al lado de la princesa. Ésta acepta el trato y promete hacer lo que la rana pide, pero al tener de nuevo la pelota dorada en sus manos se olvida de todo y se va corriendo al palacio. Cuando está allí, sentada a la mesa con su padre, aparece la rana exigiendo el cumplimiento de la promesa realizada y el Rey obliga a la princesa a cumplir lo prometido. Luego, cuando se encuentran en su habitación, la princesa arroja a la rana contra una pared y ésta se convierte en un apuesto príncipe, así que el Rey obliga a la princesa a casarse con él.Sin embargo, la historia no es tan simple como parece, en la traducción de Inés Beláustegui, se pueden leer elementos bastante interesantes al respecto. La princesa, al verse en una posición mucho más elevada que la rana decide olvidar lo prometido, un elemento que se ve frecuentemente en las relaciones de poder y que, de un modo u otro, tenía su espacio en aquella época. Puede observarse la presencia de la magia, la cual domina y guía el destino de los hombres, incluso de los príncipes. Y, por último, se evidencia también el control que ejercen los padres sobre sus hijos: “Y por orden de su padre se convirtió en su amado compañero y esposo” (Hermanos Grimm, 2001, p. 262), el padre de la princesa, es decir, el Rey, no sólo ordenó que su hija se casara con el príncipe, sino también que lo amara, y la princesa obedeció, dado que en muchas ocasiones no se tiene voz propia, no hay opciones, no hay forma de oponer resistencia.Disney, por su parte, tomó dos de los elementos planteados por este cuento y los adaptó formando su propia historia, su propia versión. En ésta también aparece la magia para encargarse de convertir a un apuesto príncipe en sapo, un príncipe que además es bailarín, músico y un gran conquistador, y que está en la búsqueda de una princesa rica que no logra encontrar a tiempo y, además de este elemento, también conserva la boda, una boda casi al final, que no se efectúa por las mismas razones que se plantean en el cuento.“La princesa y el sapo”, es una película de príncipes y princesas, de magia y amor, de besos mágicos y de final feliz, la cual, a pesar de contener todos los elementos propios de las tan conocidas películas de Disney, en las cuales las princesas esperan ansiosas a su príncipe azul, se aleja un poco de ese formato tradicional, plano y elitista, para mostrar nuevas aspectos. Se presenta, inicialmente, un príncipe que ya no recibe el apoyo de sus padres y que busca casarse desesperadamente con una princesa rica que le permita seguir con su ostentoso estilo de vida y, para vivir aventuras a su lado, se nos muestra no a una princesa sino a una camarera que no está esperando por su príncipe azul, que tiene dos trabajos y un sueño por el que lucha, porque sabe que tiene que luchar, que no basta pedir un deseo y sentarse a esperar; además de eso, estos dos protagonistas son de piel oscura, no son rubios, de ojos claros y no viven “en un pueblo lejano”, sino en Nueva Orleans, la ciudad multicultural del sur de los Estados Unidos, la ciudad del Jazz.Con tantas diferencias entre sí, ¿cómo se llegó al final feliz? Bueno, es bien sabido que, según lo que nos ha enseñado Disney, el príncipe sapo recobra su forma humana, no como se plantea en el cuento tradicional: lanzándolo contra una pared, sino siendo besado por una princesa. En esta historia el príncipe es besado por una camarera que accede a hacerlo porque será recompensada, porque esto le ayudará a cumplir su sueño, el asunto es que el beso no funciona y ella también se convierte en sapo, así es como emprenden la aventura que los llevará a conocerse y a enamorarse, para luego besarse realmente y volver a ser humanos. El final feliz no se centra en el matrimonio de los dos protagonistas, sino en el cumplimiento de un sueño en compañía de los seres amados.Un nuevo argumento, con los mismos elementos combinados de forma diferente, que, a pesar de todo, concluyen en el encuentro del amor verdadero acompañado del final feliz del que tanto dudamos.***Los cuentos clásicos han resistido el paso del tiempo y siguen siendo primordiales para hablar de las nuevas versiones, siguen allí y siguen contando con Promotores de Lectura y editores que les apuestan y los sacan a flote, pero no se puede dudar que Disney también ha resistido, ha resistido las críticas y las posiciones en contra y sigue apostándole a su mirada optimista y poco realista, sigue entreteniendo, aunque, de un modo inesperado, muestra con esta película una nueva mirada, una nueva postura. No es gratuito, por ejemplo, que la verdadera princesa de este cuento sea rubia, de ojos y piel clara, rica y extremadamente mimada, y que al final de todos sus esfuerzos no se quede con el príncipe, ¿acaso Disney está parodiando al tipo de chica que lo tiene todo y busca siempre apoderarse de todo? Esta pregunta no puede contestarse con precisión, pero este detalle es un indicio de que algo nuevo está pasando en los estudios de Disney, algo que debería observarse de cerca.Publicado por Unknown en 8:26 | Etiquetas: Opinión | 0 comentarios | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
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